La confianza en las instituciones, antes y después de la pandemia

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Esta entrada es la primera de una serie de tres que recogen la conferencia que el profesor Juan Manuel Mora impartió el 29 de abril de 2021 en el el congreso Inspirar confianza, organizado por la Pontifica Universidad de la Santa Cruz.

Durante los últimos años, los barómetros de confianza de Edelman y otras encuestas dan fe de la progresiva pérdida de confianza de los ciudadanos en las instituciones. La causa de ese fenómeno se encuentra con frecuencia en el mal comportamiento de las instituciones, que se manifiesta en distintas formas de corrupción y engaño. La consecuencia es un malestar social que se expresa en protestas, indignación y conflictos, que brotan en muchos países, de modo casi global. El remedio, lógicamente, tiene relación con la causa: contra la corrupción y la mentira, hay que practicar la honestidad y la transparencia, si se quiere recuperar la confianza de los ciudadanos.

Esta es la situación en la que estábamos cuando, hace un año, nos sorprendió la pandemia, un escenario desconocido para nuestra generación.

El coronavirus ha causado numerosas víctimas, ha afectado al equilibrio laboral, familiar y emocional de millones de personas, ha creado problemas económicos y sociales muy graves. Hay quien dice que es el fenómeno global de más impacto desde la II Guerra Mundial.

Con motivo de la crisis sanitaria, hemos redescubierto que somos más vulnerables de lo que pensábamos, incluso en los países con mayores niveles de desarrollo; que nos necesitamos los unos a los otros, porque es poco lo que podemos hacer de modo individual.

Y que lo verdaderamente importante es lo básico: la salud, la vivienda, la alimentación, los afectos, la familia, la solidaridad, una mezcla de aspectos tangibles e intangibles que forman el kit de la supervivencia.

Lo crucial no es perseguir los intereses particulares, sino colaborar por el bien común que solo podemos alcanzar juntos.

Las lecciones de la pandemia

Con la experiencia de la gestión de la crisis sanitaria en la Universidad de Navarra, me atrevería a exponer algunos aprendizajes de estos meses acerca de las instituciones y los intangibles.

1.- Necesitamos a las instituciones y las instituciones necesitan renovarse

Desde marzo del 2020 hemos comprobado que no es posible vivir sin hospitales, instituciones educativas, administraciones públicas, organismos internacionales, empresas farmacéuticas, cuerpos de seguridad, organizaciones de solidaridad, entidades religiosas, medios de comunicación.

Muchas personas han vuelto a depositar un gran caudal de confianza en las instituciones, con motivo de esta crisis. Y hemos visto que los países con instituciones más sólidas han sido capaces de soportar mejor el embate de la pandemia.

Es verdad que algunas organizaciones, en años anteriores, habían defraudado a los ciudadanos.  Pero la respuesta no puede ser la demolición de las instituciones sino su renovación.

2.- Las instituciones precisan de un liderazgo claro, para responder con eficacia a los desafíos

En este año lleno de problemas hemos comprobado que las soluciones no residen solamente en las estructuras. Se encuentran también en las personas, en su capacidad de tomar decisiones, de planificar remedios, de superar dificultades.

Además de comportarse correctamente, las organizaciones han de aportar valor, con el impulso de una dirección efectiva. De hecho, en estos meses se ha comprobado que las instituciones bien gobernadas han soportado mejor el embate de la pandemia y han prestado un mejor servicio. Han transmitido seguridad y serenidad a los ciudadanos, gracias a su liderazgo y su desempeño.

En ese sentido, son los líderes quienes pueden emprender el camino de renovación de las instituciones que las circunstancias demandan y que mencionábamos en el apartado anterior.

3.- El liderazgo necesita de la comunicación

En esta temporada de confinamiento nos hemos percatado de que no solo la salud, también la comunicación corría peligro, por la proliferación de las fake news y de los rumores, que generan inseguridad y miedo; y también por las carencias de algunas organizaciones a la hora de informar a los ciudadanos.

En algunos casos, no han sabido proporcionar información suficiente, puntual y rigurosa, sino que han mantenido silencio o han incurrido en incoherencias o contradicciones.

En sentido contrario, cabe decir que las instituciones que han manejado bien su comunicación han soportado mejor el embate de la pandemia. La comunicación ayuda a saber y a entender, evita los rumores y vacuna contra el miedo.

En resumen, ya antes de la crisis sanitaria sabíamos que, para recuperar la confianza, las instituciones han comprometerse con la honestidad y la transparencia; durante lo que llevamos de pandemia hemos confirmado que la sociedad necesita más que nunca instituciones renovadas, con un liderazgo claro y una comunicación eficiente. En esas condiciones, pueden inspirar confianza. Sin esas condiciones, seguirá creciendo la desafección de los ciudadanos hacia las instituciones.

Esta es una serie de tres entradas:

1.- La confianza en las instituciones, antes y después de la pandemia

2.- La relación circular entre lo tangible y lo intangible

3.- Gobernar y comunicar el cambio

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