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Actualidad Reputación

La comunicación en el corazón de la universidad: una conversación con Emma Leech

Emma Leech ha dedicado su vida profesional a la dirección de comunicación y marketing de universidades, con experiencia en 10 universidades inglesas. Ha sido presidenta del Chartered Institute of Public Relations (CIPR), donde también dirigió durante años el Education and Skills Group. En la actualidad es Directora de Marketing, Promoción, Admisiones y Comunicación en la University of Chichester.

¿Cómo ha evolucionado la función de comunicación en las universidades, desde que comenzaste a trabajar en los años 90 del siglo pasado?

He visto cómo la comunicación ha pasado de ser una función periférica, situada en los márgenes de la organización, a ocupar el corazón mismo de la institución, con mucho más alcance sobre el conjunto, especialmente en torno al desarrollo estratégico.

Eso no significa que la comunicación esté siempre presente en todas las conversaciones importantes, ni que a veces sigamos llegando tarde a algunas decisiones.

Hoy existe mucha más conciencia de la necesidad de valorar el impacto comunicativo desde el inicio de los proyectos.

Hace diez, quince o veinticinco años, las decisiones se tomaban en otros lugares y luego, un viernes por la tarde, aparecían en tu bandeja de entrada un mensaje: ‘¿Puedes comunicar esto?’

También existe una integración mucho mayor entre el departamento de comunicación y el de dirección de personas, sobre todo en cuestiones de valores, cambio organizativo y transformación institucional. Parte de nuestro trabajo como storytellers institucionales consiste en anticipar cómo las personas recibirán los mensajes, qué sentimientos les provocarán y cómo los interpretarán. Necesitamos comprender las emociones humanas.

Los boards o equipos directivos a veces están desconectados de eso. Los líderes viven inmersos en la estrategia; es su modo natural de pensar. Pero, en los niveles más operativos de la organización, las personas se hacen preguntas muy inmediatas: ‘¿Podré pagar mis facturas? ¿Habrá despidos? ¿Tendré más trabajo? ¿Seguiré en el mismo despacho?’

Los profesionales de la comunicación necesitan comprender el gran cuadro general, y conseguir traducirlo operativamente. Esa capacidad de hacer propia la estrategia general y hacerla descender a través de la organización es clave.

¿En qué medida la función de comunicación participa también en la definición de la estrategia?

En la Nottingham Trent University, por ejemplo, donde formaba parte del equipo ejecutivo, una de mis responsabilidades fue trabajar en el desarrollo de la nueva estrategia institucional. La comunicación estuvo absolutamente en el centro del proceso.
Luego, utilizamos de modo más claro esa estrategia como punto de partida para el desarrollo de marca, para el marketing y para la comunicación.

Parte del trabajo inicial consistió en colaborar con el Vice-Chancellor especialmente en torno al lenguaje y a la expresión de las prioridades. Nosotros aportábamos el punto de vista claro de cómo esa estrategia iba a ‘aterrizar’ dentro de la organización y cómo contar la historia de los cambios que se deseaban para que las personas los entendieran mejor.

La capacidad de traducir y humanizar la estrategia siempre ha formado parte de nuestras competencias. Pero ahora, como la comunicación ayuda también a configurar la estrategia organizativa, nuestro papel es más decisivo, y diría que más eficaz.

Después de haber dirigido la comunicación en 10 universidades británicas, ¿cómo definirías de un modo breve la misión de un departamento de comunicación universitario?

Diría que consiste en impulsar el logro de los objetivos de la organización a través de las personas. O también: ganar corazones y mentes para el éxito institucional.

Puede sonar a una frase propia del departamento de recursos humanos, pero para mí es algo profundamente unido a la comunicación. Para ello, se trata de conocer quiénes son los verdaderos gatekeepers en toda la organización, las personas clave, más allá de la cúpula directiva. Los directivos suelen transmitir mensajes a otros directivos, pero no basta con llegar a los directivos de área. También hay que implicar al personal de limpieza, restauración, residencias o atención al estudiante, porque son esenciales para la experiencia universitaria, el aterrizaje de los valores, y para prevenir posibles crisis.

Parte de nuestro trabajo consiste en ayudar a que todos entiendan cómo pueden contribuir a la estrategia institucional, especialmente quienes están más lejos del centro del poder.

Antes hemos hablado de la transformación de la función, pero ¿qué cosas no han cambiado en la profesión?

Diría que una de las cosas que no han cambiado es la fascinación por las relaciones con los medios. En todas las organizaciones donde he trabajado he escuchado la frase: ‘Tenemos que hacer más ruido’. Todo el mundo cree que hay grandes historias esperando a ser contadas. Lo difícil es cómo contarlas, cómo generar atención y cómo competir por el tiempo de la gente.
En las universidades esto sucede especialmente con las historias académicas. El gobierno quiere contarlas, pero los académicos no son siempre colaborativos.

Es un ámbito en el que sigue habiendo un cierto automatismo y poca reflexión. Por ejemplo, me sorprende que muchas universidades británicas —que dependen enormemente de la captación de alumnado internacional— sigan teniendo una actividad mediática completamente centrada en el Reino Unido. El reconocimiento externo es esencial para atraer estudiantes internacionales, para el desarrollo de los alumni, para la reputación y para obtener financiación: no sirve de mucho conseguir un título en una universidad de la que nadie ha oído hablar en tu país de origen. Por eso creo que demasiadas instituciones siguen funcionando con una mentalidad excesivamente local o nacional, cuando en realidad su actividad es global.

¿Cuáles son, en tu opinión, los stakeholders más específicos del mundo universitario en la actualidad?

Si hablamos de los específicos, pienso en los estudiantes, evidentemente. Pero también en los padres, un stakeholder muy particular, especialmente relevante desde la introducción de las tasas universitarias y, más aún, con la crisis del coste de vida. Muchas familias están financiando parte importante de los estudios y quieren entender cuál será el resultado profesional de esa inversión. El modelo clásico de Kotler y Fox sobre los stakeholders de la universidad sigue siendo muy útil (incluye a otros como a los alumni, gobierno, donors, fundaciones, financiadores de investigación, gobernadores, etc.), pero diría que hoy los padres y familiares -quizás junto a los maestros de la educación secundaria- se sitúan entre los grandes influenciadores de las decisiones de los estudiantes.

Luego, hay momentos precisos en que otros stakeholders pasan a tener un lugar relevante. Por ejemplo, la comunidad local forma parte del conjunto de stakeholders, pero en las universidades esta relación suele vincularse a proyectos concretos, especialmente relacionados con infraestructuras y patrimonio: nuevos edificios, residencias de estudiantes, permisos urbanísticos, iluminación de instalaciones, etc.

En general, echando un vistazo a los departamentos de comunicación de universidades en el Reino Unido, se nota una estructura muy ensanchada: nadie hace sólo comunicación…

Así es, muy pocos directores senior se llaman simplemente ‘Director of Communications’. Aquí en Chichester, por ejemplo, que es la universidad más pequeña en la que he trabajado, mi cargo es Director of Marketing, Recruitment, Admissions and Communications. El puesto se ha ampliado y suele integrar marketing, recruitment, admisiones, advancement, diseño, digital y otras áreas.

¿Existe el riesgo de que se espere demasiado de la comunicación?

La comunicación está hoy en la intersección entre reputación, atracción de alumnos y estrategia. Cuando actualizo mapas de riesgos institucionales, reputación y atracción de alumnos son siempre los dos grandes temas. Los boards están absolutamente focalizados en ambos. Uno de los grandes retos es la enorme cantidad de reuniones y comités en los que se espera que asista comunicación, simplemente porque ahora la comunicación forma parte de todo.

El riesgo que mencionas existe si la función no está colocada en su lugar, entonces sí que se puede estar esperando demasiado del departamento de comunicación. En esos casos, muchas veces se le pide arreglar problemas generados en otros lugares. Pero la comunicación no puede arreglarlo todo después; además, hoy casi nadie publica rectificaciones y casi nadie las lee.

También existe un problema creciente: organizaciones que creen tener estrategia cuando en realidad solo tienen ideas generales. Y luego esperan que la comunicación construya “campañas” sobre algo que aún no está realmente definido.

La comunicación acaba convirtiéndose en una especie de sticking plaster, un parche para compensar la falta de estrategia o de implementación operativa. Y eso me preocupa.

¿Existe, en el trabajo diario, una tensión entre valores y resultados, entre estrategia y performance? ¿Cómo llegar al equilibrio?

La comunicación se ha desplazado claramente hacia la expresión y encarnación de los valores institucionales. Parte de esto viene impulsado por los departamentos de recursos humanos y, a veces, puede resultar algo cosmético: por ejemplo, muchos empleados llevan sus tarjetas de identificación en un lanyard (cinta colgante) con los cinco valores institucionales escritos, pero luego preguntas cuáles son y no sabemos responder.

Lo que sí veo es que hoy los KPIs institucionales (los indicadores clave de desempeño) aterrizan mucho más claramente hacia los planes de comunicación y marketing. Se pide a los equipos que demuestren cómo su trabajo contribuye a los valores y comportamientos organizativos.

En la práctica, debemos tener muy presentes los valores. Pero la realidad es que nueve de cada diez conversaciones cotidianas tienen que ver con performance.

Los valores se concretan en decisiones muy prácticas: las imágenes que usamos, la representación de distintos perfiles (en las fotos, vídeos, etc.), los casos de estudio, la diversidad de voces, la neurodiversidad, la discapacidad, los estudiantes a tiempo parcial o quienes cuidan a familiares.

Pero, al mismo tiempo, el rendimiento es absolutamente crítico, sobre todo por las dificultades financieras que atraviesa el sector universitario. En Chichester, cada martes por la mañana presento un informe detallado sobre números: aplicaciones, ofertas, aceptaciones, descensos, evolución por países, comparación con años anteriores, cumplimiento de objetivos, etc. En ese contexto, la comunicación se convierte en una herramienta para apoyar la atractividad de la universidad y el rendimiento institucional. Las dos cosas van unidas.

¿Existen algunas tensiones típicas entre la función de comunicación y los colegas de los equipos directivos?

La principal tensión es lo que yo llamaría un reality gap. El gobierno puede decir: ‘Hay una oportunidad enorme en el sector de la aviación; necesitamos comunicar nuestra investigación en este sector mañana mismo’. Pero el equipo de comunicación sabe que lleva meses intentando que el profesor responsable quiera colaborar. Quien gobierna no siempre ve esa realidad, porque todo el mundo suele mostrarse amable con ellos.

Otra tensión importante es que muchas veces no se entiende cuánto tiempo requieren realmente algunas cosas. Y existe también cierta tendencia de algunos líderes a buscar demasiado la promoción personal: a veces quieren impulsar proyectos que son útiles para su propia trayectoria profesional, pero no necesariamente para la institución. Eso consume enormes cantidades de tiempo y recursos.

También está el fenómeno del gold plating: algo que podría resolverse bien en media hora termina convirtiéndose en un proyecto de diez horas simplemente porque está vinculado “al Vice-Chancellor o al board” y entonces el equipo tiende a querer bordarlo.

¿Qué papel ha desempeñado el CIPR en tu trayectoria profesional?

El Chartered Institute of Public Relations (CIPR) es y ha sido para mí un espacio importante para compartir experiencias y buenas prácticas. Creo que ha tenido un papel insustituible. Fui presidenta y luego, durante años, coordiné el Education and Skills Group.

Lo que he visto en los últimos años es que cada vez más profesionales universitarios buscan obtener la chartership (acreditación) y utilizan el CIPR para desarrollar competencias y estándares éticos sólidos en sus equipos. Es un gran instrumento.

A diferencia de otras organizaciones más centradas en agencias (como la Public Relations and Communications Association, PRCA) el CIPR reúne a profesionales de universidades, hospitales, vivienda social, charities, ejército y otros ámbitos del nonprofit e institucionales.

Entrevista de Marco Carroggio

Marco Carroggio es docente de Comunicación y gobierno en instituciones nonprofit, Pontificia Universidad Santa Croce

 

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Actualidad Gobierno universitario

Universidades en la esfera pública: cómo influir sin perder la misión

Los días 5 y 6 de marzo, en la sede de posgrado de la Universidad de Navarra en Madrid, un grupo internacional de académicos y profesionales se reunió con una ambición poco habitual en el debate universitario: pensar la universidad como actor público sin convertirla en actor partidista.

El Encuentro de Expertos sobre Asuntos Públicos en Universidades fue organizado por el Centro de Gobierno y Reputación de Universidades, de la Universidad de Navarra.

La reunión de trabajo, de carácter investigador, no se planteó como un congreso al uso, sino como un espacio deliberativo en el marco de un proyecto de investigación, con financiación de la fundación Funciva.

El punto de partida fue una constatación compartida: la universidad vive en la esfera pública quiera o no. Su financiación, su regulación, su capacidad de atraer talento, sus relaciones internacionales y su legitimidad social dependen de decisiones y conversaciones que se libran dentro y fuera del campus.

El reto, por tanto, ya no es si debe relacionarse con el entorno, sino cómo hacerlo sin dañar aquello que la hace universitaria: la libertad académica, el pluralismo interno y la autonomía institucional.

Con esa premisa, el encuentro se propuso elaborar un decálogo de buenas prácticas para orientar la gestión de los asuntos públicos en el sector universitario. El objetivo era eminentemente práctico: ofrecer una guía de criterios para rectorados y equipos directivos que, con creciente frecuencia, se encuentran ante dilemas complejos.

¿Cuándo debe pronunciarse la institución y cuándo conviene que hable la comunidad académica? ¿Cómo se ejerce influencia sin caer en activismo institucional? ¿Cómo se protege la misión cuando la conversación pública se vuelve hostil, simplificadora o polarizada?

La primera mañana situó el marco conceptual: la universidad no es solo una organización que presta servicios educativos, sino una institución con misión social, y esa misión se expresa en su presencia pública. En el coloquio inicial, las perspectivas humanística, educativa y ética dialogaron sobre una idea exigente: la universidad aporta a la sociedad algo que otras instituciones difícilmente pueden ofrecer al mismo tiempo —conocimiento riguroso, formación de criterio y capacidad crítica—, pero para hacerlo necesita conservar una “distancia institucional” que le permita pensar sin sometimiento a la urgencia de la actualidad.

Para ser la casa del saber, la universidad requiere una excedencia de tiempo, distancia y compromiso con la verdad, el respeto a la diversidad de puntos de vista y el desacuerdo constructivo.

Esa idea condujo a una de las distinciones centrales del encuentro: asuntos públicos no equivale a comunicación, ni tampoco a lobbying entendido como táctica. Se habló de asuntos públicos como una función de gobierno que integra escucha, lectura del contexto regulatorio, gestión de relaciones institucionales, construcción de alianzas y anticipación de riesgos.

La clave de los Asuntos Públicos

El mensaje fue claro: la universidad no puede limitarse a reaccionar cuando un problema ya estalla en medios o redes; necesita desarrollar capacidades para comprender el entorno, deliberar con criterio y actuar con coherencia.

En ese marco, la transferencia de conocimiento apareció no como un “tercer capítulo” añadido a docencia e investigación, sino como parte de un mismo hilo: cómo la universidad se relaciona con la sociedad sin reducirse a una lógica transaccional.

La conversación sobre sociedad civil y empresa reforzó una idea de equilibrio: ni aislamiento ni dependencia. Las alianzas importan, pero la reputación de una universidad —su crédito de confianza— depende de que esas relaciones se rijan por estándares de integridad y claridad de propósito.

La tarde del primer día se desplazó del “qué” al “cómo” mediante experiencias reales, con un énfasis recurrente: en asuntos públicos, la universidad opera bajo tensiones que no controla. Cambios regulatorios, contextos políticos frágiles, sociedades polarizadas o episodios de alta exposición mediática obligan a tomar decisiones que no son únicamente comunicativas.

Y ahí apareció un aprendizaje transversal: la mejor gestión de crisis reputacionales suele comenzar antes de la crisis, en la calidad de la gobernanza, la reflexión sobre la identidad institucional, la claridad de roles, la coherencia institucional y la preparación.

Principios para una participación legítima

El segundo día puso el foco en la arquitectura de gobierno: qué principios permiten una participación social legítima. Se debatió el papel de intermediarios institucionales —como consejos sociales, fundaciones y redes cívicas— para conectar universidad y sociedad sin que la universidad pierda su centro de gravedad. También se abordó la relación con instituciones públicas y opinión pública, en un momento en que la esfera mediática tiende a convertir cualquier matiz en una dicotomía.

La conversación insistió en que el reto no es “comunicar mejor” en abstracto, sino preservar el sentido institucional cuando la presión externa empuja hacia respuestas rápidas, binarias y emocionales.

Entre los participantes, con casos y papers procedentes de Europa, África y América Latina, se repitió una preocupación: la universidad está siendo llamada a “posicionarse” con creciente frecuencia.

El encuentro no negó esa realidad, pero propuso un criterio más fino: la universidad debe estar presente en la vida pública sobre todo como espacio de debate, evidencia y formación de criterio, no como portavoz de una causa.

Su influencia social puede ser enorme —y lo es— cuando ejerce su función propia con excelencia y cuando gobierna su presencia pública con prudencia.

Un instrumento útil para el gobierno

El decálogo, en elaboración durante las jornadas, aspira a redactarse en las próximas semanas y ser un instrumento útil: un conjunto de principios para decidir cuándo intervenir, cómo escuchar, cómo relacionarse con stakeholders, cómo proteger la misión y cómo actuar en escenarios adversos.

En tiempos de conversación pública acelerada, el encuentro dejó una idea final, sobria pero exigente: la universidad no necesita ser más estridente para ser relevante; necesita ser más universitaria para ser creíble.

 

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Actualidad

Novedad editorial «La universidad de quinta generación», un nuevo paradigma educativo centrado en la persona

El Centro de Gobierno y Reputación de Universidades de la Universidad de Navarra presenta el libro La Universidad de Quinta Generación. Un paradigma centrado en la persona, de la investigadora Magdalena Gaete-Sepúlveda. La obra, publicada por EUNSA, propone un modelo universitario innovador que sitúa la sostenibilidad integral y la centralidad del ser humano en el núcleo de la misión académica, investigadora y de compromiso social.

El libro ofrece un recorrido histórico por la evolución de las instituciones de educación superior —desde la Universidad 1.0 hasta la 4.0— para fundamentar la emergencia de un nuevo paradigma: la Universidad 5.0 (5GU).

Nacida al calor de las transformaciones aceleradas por la pandemia de COVID-19 y en diálogo con los modelos de Industria 5.0 y Sociedad 5.0, esta quinta generación de universidades se caracteriza por una gobernanza abierta y participativa, la co-creación con stakeholders, la integración transversal de los criterios ESG y un compromiso estructural con el bienestar de estudiantes, profesores e investigadores.

Gaete-Sepúlveda, directora del Laboratorio de Gestión de la Reputación de la Universidad HSE (San Petersburgo) y miembro del consejo asesor del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades de la Universidad de Navarra, propone además seis Objetivos de Desarrollo Sostenible específicos para la 5GU (ODS-5GU).

Esta herramienta estratégica permite a las universidades traducir los principios de sostenibilidad integral globales y locales a su realidad institucional, abarcando ámbitos como el liderazgo, la docencia, la investigación, las operaciones del campus, las alianzas y el impacto social.

La obra incorpora también un modelo avanzado de gestión de la reputación universitaria que integra la sostenibilidad como eje vertebrador.

La autora defiende un modelo de universidad que armoniza la excelencia académica con la responsabilidad social y ambiental. La obra de Gaete-Sepúlveda se inscribe en una línea de investigación que busca dotar a los gestores universitarios de marcos conceptuales y herramientas prácticas para afrontar los desafíos de un entorno global complejo, sin renunciar a la identidad y los valores que definen a la institución universitaria.

El libro está disponible desde hoy en la Biblioteca Virtual de EUNSA y constituye una lectura imprescindible para rectores, gestores académicos, investigadores y todos aquellos interesados en el futuro de la educación superior y su contribución a una sociedad más justa, sostenible y centrada en la persona.

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Actualidad Reputación

Observatorio Internacional de Reputación y Gobernanza Universitaria

El Centro de Gobierno y Reputación de Universidades impulsa un proyecto de investigación para conformar un Observatorio Internacional de Reputación y Gobernanza Universitaria.

El Observatorio forma parte de un proyecto de investigación, de dos años de duración, que tiene como objetivo reflexionar sobre el valor estratégico de la escucha de los grupos de interés universitarios para la toma de decisiones estratégicas.

Entre las actividades del proyecto, se incluye la creación de un observatorio de percepciones de grupos de interés universitarios.

El proyecto permitirá a las universidades disponer de indicadores de reputación sobre dos ámbitos estratégicos: el rendimiento universitario (docencia, investigación, transferencia, empleabilidad, internacionalidad y liderazgo) y el sentimiento de marca (estima, satisfacción, confianza, sentimiento de pertenencia, recomendación).

El observatorio comenzó sus primeros pasos en junio de 2025 con la ejecución de un proyecto piloto. Seis meses después el proyecto amplió el ámbito de influencia a varios países de América Latina.

En la actualidad, ocho universidades de Argentina y Chile participan en el proyecto en colaboración con MetaRed by Universia.

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Actualidad

Nueva reunión del Claustro del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades

El pasado 20 de febrero, se reunió el Claustro del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades de la Universidad de Navarra.

Durante el encuentro, los participantes analizaron las principales tendencias del sector de la educación superior y debatieron posibles líneas de trabajo para los próximos años del Centro.

El Claustro está integrado por académicos de distintos centros de la Universidad de Navarra, con interés académico en la educación superior, la misión de las universidades y su vinculación con la sociedad.

El Claustro se compone de nueve personas:

Nacho Ferrero, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales y antiguo decano

Elena Gutiérrez-García, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra

Álvaro Lleó, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales

Concepción Naval, profesora de la Facultad de Educación y Pedagogía y antigua decana

Victoria María Rodríguez, profesora de ISSA School of Applied Management

Charo Sádaba, decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra

Teresa Sádaba, profesora de la Facultad de Comunicación y directora de Relaciones Institucionales de la Universidad de Navarra

José María Torralba, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras y antiguo director del ICC

Yago de la Cierva, profesor del IESE Business School de la Universidad de Navarra

A la reunión también asistieron Mónica Herrero, vicerrectora de Comunicación y directora del Centro; Alfonso Sánchez-Tabernero, director académico del Centro; y Santiago Fernández-Gubieda, director ejecutivo del Centro.

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Actualidad

Sesión de formación en gestión de asuntos públicos en universidades

 

El Centro de Gobierno y Reputación de Universidades participó el pasado 9 de febrero en una jornada de formación a directivos académicos de la Universidad Católica de Valencia. La jornada sirvió para reflexionar y hacer equipo entre los directivos académicos de la Facultad de Medicina de esta universidad.

Las sesiones abordaron cuestiones como la identidad de la universidad, la misión del profesor y su impacto en el desarrollo académico y formativo de los estudiantes. La jornada también incluyó una sesión sobre la gestión de los asuntos públicos en el sector universitario.

Los participantes reflexionaron y sacaron aprendizajes sobre la relevancia estratégica de cómo gestionar los asuntos públicos en el sector universitario, con ocasión del caso de Hamline University.

El caso expone cómo resolvió esta pequeña y privada universidad de Minnesota (Estados Unidos) el clásico conflicto entre la justicia social y la libertad académica, con motivo de la publicación en octubre de 2022 de unas imágenes del profeta Mahoma en una clase de Historia de Arte.

El caso sirvió para aprender por qué hoy las crisis de naturaleza no académica (ideológica, política o social) tienen alto impacto dentro y fuera del campus, y qué tipo de asuntos públicos pueden afectarnos en la actualidad a la misión y actividad de nuestra universidad.

La sesión fue impartida por Santiago Fernández-Gubieda, director ejecutivo del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades, de la Universidad de Navarra.

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Actualidad Reputación

Lanzamiento: Curso ejecutivo en dirección de reputación universitaria

El Centro de Gobierno y Reputación de Universidades, de la Universidad de Navarra, lanza una nueva actividad: el Curso Ejecutivo en Dirección de Reputación Universitaria. Tendrá lugar del 3 al 5 de junio de 2026, en su campus de posgrado de Madrid.

Tras diez ediciones del congreso BUR, damos un paso adelante: lo convertimos en un curso ejecutivo intensivo y presencial para vicerrectores/as y directivos/as senior de comunicación. Tres días, cinco módulos integrados y un proyecto final para llevar la reputación al centro de la estrategia.

Por qué ahora

Desde 2015, Building University Reputation (BUR) ha tejido una comunidad internacional de líderes en reputación universitaria. En su décimo aniversario, trasladamos ese aprendizaje a un formato formativo aplicable, pensado para diseñar, planificar y ejecutar estrategias de reputación a la altura de los retos actuales del sector.

Qué te llevarás

  • Building University Reputation Model como marco directivo para decisiones.

  • Herramientas prácticas para alinear propósito, gobierno y comunicación con tu ecosistema de stakeholders.

  • Networking internacional de alto nivel con profesionales y académicos.

  • Trabajo Final de Curso (por grupos): un plan estratégico de reputación defendido ante un jurado académico internacional.

Formato y contenidos

3 días · Campus Madrid · 3–5 de junio de 2026
Cinco módulos integrados que combinan fundamentos, casos, talleres colaborativos y espacios de relación profesional:

  1. Estratégico: propósito, gobierno, cultura, reputación y escucha.

  2. Comunicativo: comunicación externa e interna, marca, marketing, public affairs, issues & crisis.

  3. Organizativo: funciones, capacidades, planificación y modelos de área.

  4. Institucional: visión internacional del sector universitario, contexto y rankings.

  5. Integrado: aplicación práctica en el Trabajo Fin de Curso.

A quién va dirigido

  • Vicerrectores/as en reputación, estrategia, comunicación, marketing, relaciones con grupos de interés y relaciones institucionales.

  • Directivos/as de Reputación y Comunicación estratégica.

  • Líderes de marketing universitario, stakeholder engagement, global engagement y asuntos públicos/gubernamentales.

  • Directivos/as que deseen integrar la reputación en su planificación estratégica.

Idioma de impartición: bilingüe español/inglés.

Admisión, plazas y matrícula

  • Admisión abierta · Plazas limitadas.

  • Matrícula: 1.500 €.

  • Descuento early bird del 20% del 1 de septiembre al 30 de noviembre de 2025 (por orden de admisión confirmada).

Si quieres asegurar tu plaza, te recomendamos iniciar el proceso cuanto antes.

Apúntate

👉 Más información y admisiones: Accede a la web del Curso en Dirección de Reputación Universitaria.
📩 Contacto: bur@unav.es
📍 Universidad de Navarra 

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Gestión universitaria Reputación

Siete principios sobre el marketing de universidades

Juan Manuel Mora, presidente del consejo asesor del Centro, ha publicado junto con Sergio Destito un artículo sobre marketing de universidades en la revista Cuadernos de Pedagogía (n. 563, abril 2025). Por su relación con los temas habituales de este blog ofrecemos aquí un breve resumen. Se puede acceder al artículo completo mediante suscripción a la revista. Juan Manuel es vicerrector de comunicación y Sergio, responsable de promoción de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz en Roma.

Gran parte del valor de una organización reside en su patrimonio intangible, que es el reconocimiento merecido por la calidad del servicio y la honestidad del comportamiento. Por el contrario, la percepción pública negativa que genera la falta de coherencia pone en riesgo la continuidad de una organización. Cuando se ha pagado el precio de la pérdida de esos activos, la conciencia de su valor se vuelve más clara.

El peso creciente de los intangibles se debe a diversos factores: los cambios internos de las organizaciones, debidos a las nuevas demandas de los trabajadores, que buscan entornos donde importen el propósito y el impacto,  además de otros beneficios laborales; las innovaciones tecnológicas que han modificado la forma de trabajar y relacionarse; la virulencia de las reacciones de los usuarios en redes sociales; la inestabilidad política; la polarización y el riesgo de ser etiquetados y perder la legitimidad pública.

En estas condiciones, gobernar significa no solo organizar estructuras y planificar tareas, sino también adaptarse a los cambios, innovar, liderar a profesionales motivados. Además, las actividades de comunicación y marketing han de orientarse a fortalecer los lazos con los stakeholders y aumentar el patrimonio intangible de la organización.

El valor de la reputación afecta, y mucho, a las universidades. Junto a los cambios culturales ya mencionados, el ámbito de la educación superior ha experimentado otras mutaciones como la difuminación del ideal universitario original, la creciente movilidad internacional de los estudiantes, la influencia de los rankings y los desafíos de financiación y gestión. No pocas universidades se encuentran en un momento de redefinición.

En consecuencia, el gobierno universitario necesita entender su contexto, conocer las expectativas de sus grupos de interés y aprender a innovar sin perder la identidad original. Por su parte, la comunicación y el marketing en las universidades también deben centrarse en consolidar una buena reputación a largo plazo, basada en la calidad.

¿Qué implicaciones tienen estas circunstancias en el marketing de instituciones de educación superior? Los autores responden a esta pregunta enumerando siete principios.

Siete principios sobre el marketing de instituciones de educación superior

En un contexto donde los intangibles han adquirido un peso decisivo, el marketing universitario puede verse beneficiado si se aplican algunos principios de acción.

  1. Identidad y posicionamiento: Cada universidad ha de encontrar aquello que la hace única (unique selling proposition) para que su propuesta de valor se diferencie en la mente de sus stakeholders. Esto requiere, hacia dentro, claridad del propósito; y hacia fuera, inteligencia de contexto, conocimiento del entorno y de la posición de las demás universidades. Como en la comunicación, el fundamento del marketing se encuentra en la identidad.
  2. La calidad académica, clave de la reputación: Si la reputación es la «calidad percibida», se puede decir que la calidad académica es la clave del marketing universitario. Por tanto, profesores y empleados son los auténticos protagonistas del marketing, en la medida en que garantizan la calidad de la docencia, la investigación y los servicios, que es la base real de la promesa de marca.
  3. La experiencia del estudiante: La universidad se compromete a cumplir sus promesas ofreciendo una experiencia integral a los estudiantes, que abarque todos los aspectos de su formación intelectual, cultural y humana. La satisfacción de los estudiantes se convierte en un factor esencial para el marketing y transforma a los alumnos y alumni en embajadores de la marca. Medir esa satisfacción es un indicador imprescindible del trabajo de marketing.
  4. Visión multi-stakeholder: Además de los profesores, el personal, los estudiantes y los alumni, también los futuros alumnos, los benefactores, los empleadores y las familias son grupos de interés estratégicos. El marketing -como la comunicación- ha de atender a todos estos grupos, sin perder de vista ninguno de ellos.
  5. Comunicación estratégica: La comunicación con los stakeholders es multidireccional, e incluye tanto la escucha como la información. Es importante escuchar para entender sus expectativas y experiencias; y es necesario informar para darles respuestas adecuadas. Comunicación y marketing van de la mano.
  6. Importancia de los datos: Los datos son cruciales para el marketing y son varias las dimensiones que resulta necesario medir. Por tanto, se precisan herramientas informáticas que permitan trabajar de modo eficiente con grandes cantidades de datos muy variados. La digitalización de los procesos académicos es también una ayuda en esa dirección. Sin buenos datos no es posible definir y evaluar la estrategia.
  7. Dimensión económica: En esencia, el marketing es una actividad económica y toda la estrategia debe estar encuadrada en ese marco. Esto implica rigor en la medición de las inversiones, los costes y los resultados, así como una conexión permanente con los departamentos económicos.

Como se ve, el marketing universitario tiene relación con los órganos de gobierno y con las áreas académicas, económicas, informáticas y de comunicación. En realidad, estamos ante un ecosistema donde todo es importante y todo está conectado. Por eso, la visión de conjunto y la capacidad de trabajar de modo coordinado son dos desafíos críticos de los responsables del marketing. Si se afrontan adecuadamente, el departamento de marketing realiza una importante contribución al patrimonio intangible de la universidad.

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Actualidad Gestión universitaria

Libro sobre la residencia como factor clave en el crecimiento integral del estudiante

Magdalena Gaete, investigadora y miembro del Consejo Asesor del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades, acaba de publicar el libro A Holistic Model for Student-Centered On- and Off-Campus Housing — A Comparative Cross-Country Evaluation. Illuminating Paths to Sustainability.

La autora concluye que la vivienda estudiantil no es solo un activo inmobiliario, sino una parte esencial del ecosistema académico, que contribuye al éxito del estudiante y la universidad.

Además del libro, la autora ha publicado también un artículo sobre la misma temática en el International Journal of Sustainability in Higher Education.

En la actualidad, las instituciones y los operadores compiten no solo por atraer matrículas, sino por crear entornos donde los estudiantes puedan desarrollarse plenamente.

En este contexto, la vivienda estudiantil es mucho más que ladrillos y cemento: moldea el rendimiento académico, el bienestar, la integración social y la reputación de las universidades.

El libro surge de un proyecto de investigación único que evaluó 167 residencias en ocho países europeos. La conclusión del libro es sencilla pero firme: la vivienda estudiantil no es solo un activo inmobiliario, sino una parte esencial del ecosistema académico.

“Cuando se gestiona adecuadamente, la vivienda impulsa el éxito académico, apoya la salud física y mental, fomenta el sentido de pertenencia y contribuye a la sostenibilidad y reputación a largo plazo de la institución”, afirma la investigadora Magdalena Gaete.

Para los administradores y responsables de PBSA en todo el mundo, la principal recomendación es diseñar y gestionar la vivienda con una visión holística: equilibrando el confort personal, la participación social y la estimulación intelectual.

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Actualidad

Un modelo de laboratorios impulsa la cooperación académica internacional

El pasado 21 de mayo se firmó el Manifiesto del Consorcio de Laboratorios Satélite de Emprendimiento Social, una iniciativa que redefine la forma de investigar y generar impacto social a través de un enfoque descentralizado y colaborativo.

El Consorcio articula universidades de seis países: HSE Universidad de San Petersburgo (Rusia)Universiti Teknologi Malaysia (Malasia)Universidad de Campinas (Brasil)Universidad Estatal de São Paulo (Brasil), el Instituto Tecnológico Sepuluh Nopember (Indonesia) y la Universidad Panamericana (México).

Esta red internacional surge de la iniciativa de la Dra. Magdalena A. Gaete-Sepúlveda, directora del Laboratorio de Gestión de la Reputación en Educación y del Laboratorio Satélite de Emprendimiento Social en HSE San Petersburgo.

La investigadora ha sido la principal impulsora de este modelo innovador de colaboración académica intercontinental. Desde 2023, su liderazgo permitió pasar de una alianza trilateral a un consorcio consolidado que desafía las jerarquías tradicionales Norte-Sur, promoviendo un nuevo paradigma de cooperación desde el Sur Global.

Magdalena Gaete es miembro del Consejo Asesor del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades desde el comienzo de la creación del centro en 2019.

Este tipo de iniciativas se alinean con la visión del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades, que destaca el papel de la universidad como motor de transformación científica, cultural y social.