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Un Observatorio de Reputación al servicio del gobierno universitario

El Centro de Gobierno y Reputación de Universidades ha puesto en marcha el Observatorio Internacional de Reputación y Gobernanza Universitaria, una plataforma de inteligencia reputacional diseñada para ayudar a las universidades a comprender mejor cómo son percibidas por sus principales grupos de interés, compararse con instituciones pares y tomar decisiones de gobierno más sólidas.

Su propósito es claro: convertir la medición de la reputación en una herramienta útil para la mejora institucional, la estrategia universitaria y el fortalecimiento de la confianza social.

En colaboración con MetaRed by Universia, el Observatorio ha arrancado su puesta en marcha en ocho universidades públicas y privadas de Argentina y Chile.

El Observatorio ofrece a las universidades una lectura rigurosa, estructurada y accionable de su reputación. No se plantea como un ranking ni como una encuesta aislada, sino como un sistema de análisis que combina medición, benchmarking e interpretación estratégica.

A través de esta herramienta, las instituciones pueden identificar fortalezas, detectar brechas reputacionales, comprender mejor las expectativas de sus stakeholders y orientar con mayor precisión sus decisiones en ámbitos como la comunicación, el posicionamiento, la calidad docente, la empleabilidad, la relación con alumni o el gobierno institucional.

El modelo de medición integra tres grandes aproximaciones: un constructo racional, un constructo emocional y una dimensión cualitativa.

Desde el punto de vista racional, el Observatorio analiza aspectos vinculados al desempeño académico e institucional, como la docencia, la investigación, la transferencia de conocimiento, la internacionalidad, la empleabilidad, el gobierno y el liderazgo.

Desde el plano emocional, incorpora dimensiones como la satisfacción, la vinculación, la recomendación, la admiración y la confianza. Esta mirada permite comprender la reputación universitaria no solo como resultado de lo que una universidad hace, sino también de cómo sus públicos la valoran, la reconocen y se vinculan con ella.

El método del Observatorio se basa en una escucha estructurada de los principales grupos de interés de la universidad: estudiantes, alumni, profesorado y empleadores.

A partir de los cuestionarios activados por cada institución, el Observatorio procesa la información, calcula un índice de reputación con una metodología científica propia y genera una lectura comparada frente a universidades pares o cohortes de referencia.

El resultado es un informe ejecutivo de aproximadamente 70-80 páginas, con resultados por stakeholder y por dimensión, benchmarking, conclusiones interpretativas y recomendaciones orientadas a la acción.

En definitiva, el Observatorio nace para acompañar a universidades con liderazgo institucional y cultura de evidencia, que desean gobernar mejor a partir de una comprensión más profunda de su reputación.

Su valor reside en ayudar a pasar de los datos a las decisiones: medir percepciones, interpretarlas con rigor, compararlas con referencias significativas y transformarlas en oportunidades de mejora.

En un contexto universitario cada vez más exigente, global y competitivo, disponer de una inteligencia reputacional sólida es una condición necesaria para fortalecer la confianza, orientar la estrategia y servir mejor a la sociedad.

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El gobierno del talento universitario, tema central del Curso de Dirección Estratégica de Universidades 2027

El Centro de Gobierno y Reputación de Universidades de la Universidad de Navarra celebrará, del 9 al 11 de junio de 2027, una nueva edición del Curso de Dirección Estratégica de Universidades, que tendrá lugar en el Campus de Posgrado de la Universidad de Navarra en Madrid.

Esta edición estará dedicada a “El gobierno del talento universitario”, una cuestión central para las instituciones de educación superior en un contexto marcado por transformaciones geopolíticas, tecnológicas y sociales.

El curso está dirigido a rectores, equipos de gobierno, decanos y directores de centros académicos y de investigación de universidades públicas y privadas de cualquier país.

A lo largo de 14 sesiones presenciales, organizadas en seis módulos, el programa abordará el talento como ventaja institucional, el liderazgo universitario en un entorno global en transformación, el gobierno de equipos directivos excelentes, la contratación, desarrollo y retención del talento académico e investigador, la formación y acompañamiento de los estudiantes, y el papel estratégico de los alumni en la reputación, la influencia y la sostenibilidad institucional.

La metodología combinará sesiones plenarias, análisis de casos, discusión guiada, aprendizaje entre pares, actividades de networking y un taller aplicado.

Este taller permitirá a los participantes trabajar en el diseño de una estrategia integral de talento para sus instituciones, con especial atención al diagnóstico, la definición de prioridades y la elaboración de una hoja de ruta aplicable al contexto de cada universidad.

Las personas interesadas pueden solicitar información sobre el programa, el proceso de admisión y los detalles de participación a través de la web oficial del curso.

El programa constituye una oportunidad para reflexionar, desde el gobierno universitario, sobre cómo atraer, desarrollar, cuidar y proyectar el talento en todas las etapas de la vida institucional.

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El congreso Building University Reputation celebrará su primera edición en Estados Unidos en 2027

La Universidad de Navarra y la Florida International University organizarán en Miami la próxima edición del congreso Building University Reputation (BUR), un encuentro internacional dedicado al estudio y desarrollo estratégico de la reputación universitaria. La conferencia tendrá lugar del 12 al 14 de mayo de 2027 y supondrá la primera edición de este programa en Estados Unidos.

El encuentro reunirá a directivos universitarios de reputación, comunicación, marketing, estrategia institucional y relaciones públicas de universidades de distintos países. Su objetivo será ofrecer un espacio de reflexión y trabajo sobre el papel estratégico de la reputación en la construcción de confianza, legitimidad y reconocimiento público de las instituciones de educación superior en un momento de especial cuestionamiento.

El programa se articulará en torno al modelo Building University Reputation, desarrollado por el Centro de Gobierno y Reputación de Universidades, de la Universidad de Navarra, con una orientación académica y práctica dirigida a ayudar a las universidades a integrar la reputación en su estrategia institucional. En próximas fechas se anunciarán nuevos detalles sobre el programa académico, los ponentes, las sesiones de trabajo y el proceso de inscripción.

Las personas interesadas ya pueden solicitar información y registrarse para recibir actualizaciones sobre el congreso a través de la web habilitada por FIU.

Esta es la octava edición del congreso BUR que comenzó su andadura en 2015 en el campus de Pamplona de la Universidad de Navarra. Cada dos años, el congreso se ha celebrado en ciudades como Madrid, Piura (Perú) y San Petersburgo (Rusia).

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Una comunidad viva por la reputación de las universidades

El Centro de Gobierno y Reputación de Universidades de la Universidad de Navarra celebró del 3 al 5 de junio la primera edición del Curso Ejecutivo en Dirección de Reputación Universitaria, orientado a integrar la reputación en la estrategia, el gobierno, la comunicación y la relación con los stakeholders de las universidades.

El Campus Madrid de la Universidad de Navarra acogió, del 3 al 5 de junio, la primera edición del Curso, organizado por el Centro de Gobierno y Reputación de Universidades, en colaboración con la Facultad de Comunicación.

Durante tres días, 96 profesionales procedentes de 60 universidades y 20 países participaron en un programa internacional de formación directiva centrado en uno de los principales retos de las instituciones de educación superior: cómo fortalecer la reputación universitaria desde una perspectiva estratégica, integradora y orientada al gobierno institucional.

El curso reunió a vicerrectores, directivos de comunicación, marketing, reputación, relaciones institucionales, asuntos públicos, global engagement y relaciones con stakeholders. Todos ellos compartieron sesiones académicas, talleres de trabajo, análisis de casos, conversaciones profesionales y espacios de encuentro informal que favorecieron el intercambio de experiencias entre universidades de distintos países y contextos.

Tres días para pensar la reputación desde el gobierno universitario

El programa se articuló en torno a una convicción central: la reputación no es solo una consecuencia de la comunicación, sino un activo estratégico que afecta al gobierno, la identidad, la cultura institucional, la toma de decisiones y la relación de la universidad con la sociedad.

A lo largo del curso se abordaron cuestiones como el papel de la comunicación estratégica en el gobierno universitario, los modelos operativos de reputación, el strategic intent de las universidades, la internacionalización, la gestión de issues, la comunicación de crisis, la reputación académica, el liderazgo de los equipos de comunicación, los modelos organizativos, la gobernanza de datos, la escucha multistakeholder y la relación entre reputación, rankings y mejora continua.

El contenido académico se estructuró en cinco módulos: estratégico, comunicativo, institucional, organizativo e integrado. Esta arquitectura permitió ofrecer una visión amplia de la reputación universitaria, combinando fundamentos conceptuales, herramientas directivas, análisis del contexto internacional y aplicaciones prácticas.

El curso contó con sesiones impartidas por profesores y profesionales de universidades e instituciones internacionales, entre ellos Mónica Herrero, Santiago Fernández-Gubieda, Alejandro Ruelas-Gossi, Rachel Sandison, Paul Andrew, Teresa Sádaba, Alfonso Sánchez-Tabernero, Michele Acuto, Elena Gutiérrez-García, Tracy Chalk, Duncan Ross, Mark Sudbury y Louise Simpson.

Del aula al trabajo aplicado

Uno de los elementos centrales del programa fue el trabajo aplicado por grupos. Los participantes desarrollaron un caso práctico orientado al diseño de un plan estratégico de reputación universitaria, que permitió integrar los aprendizajes adquiridos durante las distintas sesiones.

Los equipos trabajaron sobre retos vinculados a la cultura institucional, la marca, la confianza, la escucha, la comunicación y la toma de decisiones. El último día del curso, los grupos presentaron sus propuestas ante un tribunal académico integrado por Alfonso Sánchez-Tabernero, Elena Gutiérrez-García y Louise Simpson.

Además, el programa incluyó talleres temáticos sobre arquitectura organizativa y equipos de reputación, medición y cuadros de mando, contenidos, plataformas e inteligencia artificial, comunicación interna y cultura institucional, marca y marketing corporativo, e internacionalización y global affairs.

Estos espacios permitieron a los participantes compartir experiencias concretas, contrastar modelos de trabajo y reflexionar sobre los desafíos comunes que afrontan las universidades en contextos cada vez más complejos, exigentes y globales.

Un ambiente de reflexión y comunidad

Más allá de las sesiones académicas, uno de los aspectos más destacados del curso fue el ambiente generado entre los participantes. Durante los tres días se creó un espacio de conversación abierta, trabajo exigente y cercanía personal que favoreció nuevas conexiones entre profesionales de universidades de Europa, América, Asia, África y Oceanía.

Entre las ideas más repetidas por los participantes aparece la necesidad de situar la comunicación y la reputación en el corazón de la estrategia universitaria; la importancia de escuchar de forma estructurada a los distintos stakeholders; la conveniencia de preparar a las instituciones para gestionar crisis con criterio; y el valor de construir universidades más coherentes entre lo que son, lo que hacen, lo que dicen y lo que sus públicos experimentan.

El curso ha dejado también una red internacional de profesionales que comparten una misma preocupación: ayudar a que las universidades sean instituciones más confiables, abiertas a la escucha, fieles a su propósito y capaces de servir mejor a la sociedad.

Vídeo y galería de fotos

El Centro de Gobierno y Reputación de Universidades ha preparado una galería de fotos y un vídeo resumen del curso, que recogen algunos de los momentos vividos durante las sesiones, los trabajos en grupo, los espacios de conversación y los encuentros informales celebrados durante el programa.

La galería permite volver sobre algunos de los momentos más significativos de estos tres días: las sesiones académicas, los talleres, las presentaciones finales, los descansos, la cena de bienvenida y las conversaciones entre participantes y profesores.

El vídeo ofrece una síntesis visual del espíritu del curso: formación directiva, reflexión académica, trabajo colaborativo, conexiones internacionales y una comunidad profesional comprometida con el fortalecimiento de la reputación universitaria.

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La comunicación en el corazón de la universidad: una conversación con Emma Leech

Emma Leech ha dedicado su vida profesional a la dirección de comunicación y marketing de universidades, con experiencia en 10 universidades inglesas. Ha sido presidenta del Chartered Institute of Public Relations (CIPR), donde también dirigió durante años el Education and Skills Group. En la actualidad es Directora de Marketing, Promoción, Admisiones y Comunicación en la University of Chichester.

¿Cómo ha evolucionado la función de comunicación en las universidades, desde que comenzaste a trabajar en los años 90 del siglo pasado?

He visto cómo la comunicación ha pasado de ser una función periférica, situada en los márgenes de la organización, a ocupar el corazón mismo de la institución, con mucho más alcance sobre el conjunto, especialmente en torno al desarrollo estratégico.

Eso no significa que la comunicación esté siempre presente en todas las conversaciones importantes, ni que a veces sigamos llegando tarde a algunas decisiones.

Hoy existe mucha más conciencia de la necesidad de valorar el impacto comunicativo desde el inicio de los proyectos.

Hace diez, quince o veinticinco años, las decisiones se tomaban en otros lugares y luego, un viernes por la tarde, aparecían en tu bandeja de entrada un mensaje: ‘¿Puedes comunicar esto?’

También existe una integración mucho mayor entre el departamento de comunicación y el de dirección de personas, sobre todo en cuestiones de valores, cambio organizativo y transformación institucional. Parte de nuestro trabajo como storytellers institucionales consiste en anticipar cómo las personas recibirán los mensajes, qué sentimientos les provocarán y cómo los interpretarán. Necesitamos comprender las emociones humanas.

Los boards o equipos directivos a veces están desconectados de eso. Los líderes viven inmersos en la estrategia; es su modo natural de pensar. Pero, en los niveles más operativos de la organización, las personas se hacen preguntas muy inmediatas: ‘¿Podré pagar mis facturas? ¿Habrá despidos? ¿Tendré más trabajo? ¿Seguiré en el mismo despacho?’

Los profesionales de la comunicación necesitan comprender el gran cuadro general, y conseguir traducirlo operativamente. Esa capacidad de hacer propia la estrategia general y hacerla descender a través de la organización es clave.

¿En qué medida la función de comunicación participa también en la definición de la estrategia?

En la Nottingham Trent University, por ejemplo, donde formaba parte del equipo ejecutivo, una de mis responsabilidades fue trabajar en el desarrollo de la nueva estrategia institucional. La comunicación estuvo absolutamente en el centro del proceso.
Luego, utilizamos de modo más claro esa estrategia como punto de partida para el desarrollo de marca, para el marketing y para la comunicación.

Parte del trabajo inicial consistió en colaborar con el Vice-Chancellor especialmente en torno al lenguaje y a la expresión de las prioridades. Nosotros aportábamos el punto de vista claro de cómo esa estrategia iba a ‘aterrizar’ dentro de la organización y cómo contar la historia de los cambios que se deseaban para que las personas los entendieran mejor.

La capacidad de traducir y humanizar la estrategia siempre ha formado parte de nuestras competencias. Pero ahora, como la comunicación ayuda también a configurar la estrategia organizativa, nuestro papel es más decisivo, y diría que más eficaz.

Después de haber dirigido la comunicación en 10 universidades británicas, ¿cómo definirías de un modo breve la misión de un departamento de comunicación universitario?

Diría que consiste en impulsar el logro de los objetivos de la organización a través de las personas. O también: ganar corazones y mentes para el éxito institucional.

Puede sonar a una frase propia del departamento de recursos humanos, pero para mí es algo profundamente unido a la comunicación. Para ello, se trata de conocer quiénes son los verdaderos gatekeepers en toda la organización, las personas clave, más allá de la cúpula directiva. Los directivos suelen transmitir mensajes a otros directivos, pero no basta con llegar a los directivos de área. También hay que implicar al personal de limpieza, restauración, residencias o atención al estudiante, porque son esenciales para la experiencia universitaria, el aterrizaje de los valores, y para prevenir posibles crisis.

Parte de nuestro trabajo consiste en ayudar a que todos entiendan cómo pueden contribuir a la estrategia institucional, especialmente quienes están más lejos del centro del poder.

Antes hemos hablado de la transformación de la función, pero ¿qué cosas no han cambiado en la profesión?

Diría que una de las cosas que no han cambiado es la fascinación por las relaciones con los medios. En todas las organizaciones donde he trabajado he escuchado la frase: ‘Tenemos que hacer más ruido’. Todo el mundo cree que hay grandes historias esperando a ser contadas. Lo difícil es cómo contarlas, cómo generar atención y cómo competir por el tiempo de la gente.
En las universidades esto sucede especialmente con las historias académicas. El gobierno quiere contarlas, pero los académicos no son siempre colaborativos.

Es un ámbito en el que sigue habiendo un cierto automatismo y poca reflexión. Por ejemplo, me sorprende que muchas universidades británicas —que dependen enormemente de la captación de alumnado internacional— sigan teniendo una actividad mediática completamente centrada en el Reino Unido. El reconocimiento externo es esencial para atraer estudiantes internacionales, para el desarrollo de los alumni, para la reputación y para obtener financiación: no sirve de mucho conseguir un título en una universidad de la que nadie ha oído hablar en tu país de origen. Por eso creo que demasiadas instituciones siguen funcionando con una mentalidad excesivamente local o nacional, cuando en realidad su actividad es global.

¿Cuáles son, en tu opinión, los stakeholders más específicos del mundo universitario en la actualidad?

Si hablamos de los específicos, pienso en los estudiantes, evidentemente. Pero también en los padres, un stakeholder muy particular, especialmente relevante desde la introducción de las tasas universitarias y, más aún, con la crisis del coste de vida. Muchas familias están financiando parte importante de los estudios y quieren entender cuál será el resultado profesional de esa inversión. El modelo clásico de Kotler y Fox sobre los stakeholders de la universidad sigue siendo muy útil (incluye a otros como a los alumni, gobierno, donors, fundaciones, financiadores de investigación, gobernadores, etc.), pero diría que hoy los padres y familiares -quizás junto a los maestros de la educación secundaria- se sitúan entre los grandes influenciadores de las decisiones de los estudiantes.

Luego, hay momentos precisos en que otros stakeholders pasan a tener un lugar relevante. Por ejemplo, la comunidad local forma parte del conjunto de stakeholders, pero en las universidades esta relación suele vincularse a proyectos concretos, especialmente relacionados con infraestructuras y patrimonio: nuevos edificios, residencias de estudiantes, permisos urbanísticos, iluminación de instalaciones, etc.

En general, echando un vistazo a los departamentos de comunicación de universidades en el Reino Unido, se nota una estructura muy ensanchada: nadie hace sólo comunicación…

Así es, muy pocos directores senior se llaman simplemente ‘Director of Communications’. Aquí en Chichester, por ejemplo, que es la universidad más pequeña en la que he trabajado, mi cargo es Director of Marketing, Recruitment, Admissions and Communications. El puesto se ha ampliado y suele integrar marketing, recruitment, admisiones, advancement, diseño, digital y otras áreas.

¿Existe el riesgo de que se espere demasiado de la comunicación?

La comunicación está hoy en la intersección entre reputación, atracción de alumnos y estrategia. Cuando actualizo mapas de riesgos institucionales, reputación y atracción de alumnos son siempre los dos grandes temas. Los boards están absolutamente focalizados en ambos. Uno de los grandes retos es la enorme cantidad de reuniones y comités en los que se espera que asista comunicación, simplemente porque ahora la comunicación forma parte de todo.

El riesgo que mencionas existe si la función no está colocada en su lugar, entonces sí que se puede estar esperando demasiado del departamento de comunicación. En esos casos, muchas veces se le pide arreglar problemas generados en otros lugares. Pero la comunicación no puede arreglarlo todo después; además, hoy casi nadie publica rectificaciones y casi nadie las lee.

También existe un problema creciente: organizaciones que creen tener estrategia cuando en realidad solo tienen ideas generales. Y luego esperan que la comunicación construya “campañas” sobre algo que aún no está realmente definido.

La comunicación acaba convirtiéndose en una especie de sticking plaster, un parche para compensar la falta de estrategia o de implementación operativa. Y eso me preocupa.

¿Existe, en el trabajo diario, una tensión entre valores y resultados, entre estrategia y performance? ¿Cómo llegar al equilibrio?

La comunicación se ha desplazado claramente hacia la expresión y encarnación de los valores institucionales. Parte de esto viene impulsado por los departamentos de recursos humanos y, a veces, puede resultar algo cosmético: por ejemplo, muchos empleados llevan sus tarjetas de identificación en un lanyard (cinta colgante) con los cinco valores institucionales escritos, pero luego preguntas cuáles son y no sabemos responder.

Lo que sí veo es que hoy los KPIs institucionales (los indicadores clave de desempeño) aterrizan mucho más claramente hacia los planes de comunicación y marketing. Se pide a los equipos que demuestren cómo su trabajo contribuye a los valores y comportamientos organizativos.

En la práctica, debemos tener muy presentes los valores. Pero la realidad es que nueve de cada diez conversaciones cotidianas tienen que ver con performance.

Los valores se concretan en decisiones muy prácticas: las imágenes que usamos, la representación de distintos perfiles (en las fotos, vídeos, etc.), los casos de estudio, la diversidad de voces, la neurodiversidad, la discapacidad, los estudiantes a tiempo parcial o quienes cuidan a familiares.

Pero, al mismo tiempo, el rendimiento es absolutamente crítico, sobre todo por las dificultades financieras que atraviesa el sector universitario. En Chichester, cada martes por la mañana presento un informe detallado sobre números: aplicaciones, ofertas, aceptaciones, descensos, evolución por países, comparación con años anteriores, cumplimiento de objetivos, etc. En ese contexto, la comunicación se convierte en una herramienta para apoyar la atractividad de la universidad y el rendimiento institucional. Las dos cosas van unidas.

¿Existen algunas tensiones típicas entre la función de comunicación y los colegas de los equipos directivos?

La principal tensión es lo que yo llamaría un reality gap. El gobierno puede decir: ‘Hay una oportunidad enorme en el sector de la aviación; necesitamos comunicar nuestra investigación en este sector mañana mismo’. Pero el equipo de comunicación sabe que lleva meses intentando que el profesor responsable quiera colaborar. Quien gobierna no siempre ve esa realidad, porque todo el mundo suele mostrarse amable con ellos.

Otra tensión importante es que muchas veces no se entiende cuánto tiempo requieren realmente algunas cosas. Y existe también cierta tendencia de algunos líderes a buscar demasiado la promoción personal: a veces quieren impulsar proyectos que son útiles para su propia trayectoria profesional, pero no necesariamente para la institución. Eso consume enormes cantidades de tiempo y recursos.

También está el fenómeno del gold plating: algo que podría resolverse bien en media hora termina convirtiéndose en un proyecto de diez horas simplemente porque está vinculado “al Vice-Chancellor o al board” y entonces el equipo tiende a querer bordarlo.

¿Qué papel ha desempeñado el CIPR en tu trayectoria profesional?

El Chartered Institute of Public Relations (CIPR) es y ha sido para mí un espacio importante para compartir experiencias y buenas prácticas. Creo que ha tenido un papel insustituible. Fui presidenta y luego, durante años, coordiné el Education and Skills Group.

Lo que he visto en los últimos años es que cada vez más profesionales universitarios buscan obtener la chartership (acreditación) y utilizan el CIPR para desarrollar competencias y estándares éticos sólidos en sus equipos. Es un gran instrumento.

A diferencia de otras organizaciones más centradas en agencias (como la Public Relations and Communications Association, PRCA) el CIPR reúne a profesionales de universidades, hospitales, vivienda social, charities, ejército y otros ámbitos del nonprofit e institucionales.

Entrevista de Marco Carroggio

Marco Carroggio es docente de Comunicación y gobierno en instituciones nonprofit, Pontificia Universidad Santa Croce

 

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Actualidad Gobierno universitario

Universidades en la esfera pública: cómo influir sin perder la misión

Los días 5 y 6 de marzo, en la sede de posgrado de la Universidad de Navarra en Madrid, un grupo internacional de académicos y profesionales se reunió con una ambición poco habitual en el debate universitario: pensar la universidad como actor público sin convertirla en actor partidista.

El Encuentro de Expertos sobre Asuntos Públicos en Universidades fue organizado por el Centro de Gobierno y Reputación de Universidades, de la Universidad de Navarra.

La reunión de trabajo, de carácter investigador, no se planteó como un congreso al uso, sino como un espacio deliberativo en el marco de un proyecto de investigación, con financiación de la fundación Funciva.

El punto de partida fue una constatación compartida: la universidad vive en la esfera pública quiera o no. Su financiación, su regulación, su capacidad de atraer talento, sus relaciones internacionales y su legitimidad social dependen de decisiones y conversaciones que se libran dentro y fuera del campus.

El reto, por tanto, ya no es si debe relacionarse con el entorno, sino cómo hacerlo sin dañar aquello que la hace universitaria: la libertad académica, el pluralismo interno y la autonomía institucional.

Con esa premisa, el encuentro se propuso elaborar un decálogo de buenas prácticas para orientar la gestión de los asuntos públicos en el sector universitario. El objetivo era eminentemente práctico: ofrecer una guía de criterios para rectorados y equipos directivos que, con creciente frecuencia, se encuentran ante dilemas complejos.

¿Cuándo debe pronunciarse la institución y cuándo conviene que hable la comunidad académica? ¿Cómo se ejerce influencia sin caer en activismo institucional? ¿Cómo se protege la misión cuando la conversación pública se vuelve hostil, simplificadora o polarizada?

La primera mañana situó el marco conceptual: la universidad no es solo una organización que presta servicios educativos, sino una institución con misión social, y esa misión se expresa en su presencia pública. En el coloquio inicial, las perspectivas humanística, educativa y ética dialogaron sobre una idea exigente: la universidad aporta a la sociedad algo que otras instituciones difícilmente pueden ofrecer al mismo tiempo —conocimiento riguroso, formación de criterio y capacidad crítica—, pero para hacerlo necesita conservar una “distancia institucional” que le permita pensar sin sometimiento a la urgencia de la actualidad.

Para ser la casa del saber, la universidad requiere una excedencia de tiempo, distancia y compromiso con la verdad, el respeto a la diversidad de puntos de vista y el desacuerdo constructivo.

Esa idea condujo a una de las distinciones centrales del encuentro: asuntos públicos no equivale a comunicación, ni tampoco a lobbying entendido como táctica. Se habló de asuntos públicos como una función de gobierno que integra escucha, lectura del contexto regulatorio, gestión de relaciones institucionales, construcción de alianzas y anticipación de riesgos.

La clave de los Asuntos Públicos

El mensaje fue claro: la universidad no puede limitarse a reaccionar cuando un problema ya estalla en medios o redes; necesita desarrollar capacidades para comprender el entorno, deliberar con criterio y actuar con coherencia.

En ese marco, la transferencia de conocimiento apareció no como un “tercer capítulo” añadido a docencia e investigación, sino como parte de un mismo hilo: cómo la universidad se relaciona con la sociedad sin reducirse a una lógica transaccional.

La conversación sobre sociedad civil y empresa reforzó una idea de equilibrio: ni aislamiento ni dependencia. Las alianzas importan, pero la reputación de una universidad —su crédito de confianza— depende de que esas relaciones se rijan por estándares de integridad y claridad de propósito.

La tarde del primer día se desplazó del “qué” al “cómo” mediante experiencias reales, con un énfasis recurrente: en asuntos públicos, la universidad opera bajo tensiones que no controla. Cambios regulatorios, contextos políticos frágiles, sociedades polarizadas o episodios de alta exposición mediática obligan a tomar decisiones que no son únicamente comunicativas.

Y ahí apareció un aprendizaje transversal: la mejor gestión de crisis reputacionales suele comenzar antes de la crisis, en la calidad de la gobernanza, la reflexión sobre la identidad institucional, la claridad de roles, la coherencia institucional y la preparación.

Principios para una participación legítima

El segundo día puso el foco en la arquitectura de gobierno: qué principios permiten una participación social legítima. Se debatió el papel de intermediarios institucionales —como consejos sociales, fundaciones y redes cívicas— para conectar universidad y sociedad sin que la universidad pierda su centro de gravedad. También se abordó la relación con instituciones públicas y opinión pública, en un momento en que la esfera mediática tiende a convertir cualquier matiz en una dicotomía.

La conversación insistió en que el reto no es “comunicar mejor” en abstracto, sino preservar el sentido institucional cuando la presión externa empuja hacia respuestas rápidas, binarias y emocionales.

Entre los participantes, con casos y papers procedentes de Europa, África y América Latina, se repitió una preocupación: la universidad está siendo llamada a “posicionarse” con creciente frecuencia.

El encuentro no negó esa realidad, pero propuso un criterio más fino: la universidad debe estar presente en la vida pública sobre todo como espacio de debate, evidencia y formación de criterio, no como portavoz de una causa.

Su influencia social puede ser enorme —y lo es— cuando ejerce su función propia con excelencia y cuando gobierna su presencia pública con prudencia.

Un instrumento útil para el gobierno

El decálogo, en elaboración durante las jornadas, aspira a redactarse en las próximas semanas y ser un instrumento útil: un conjunto de principios para decidir cuándo intervenir, cómo escuchar, cómo relacionarse con stakeholders, cómo proteger la misión y cómo actuar en escenarios adversos.

En tiempos de conversación pública acelerada, el encuentro dejó una idea final, sobria pero exigente: la universidad no necesita ser más estridente para ser relevante; necesita ser más universitaria para ser creíble.

 

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Novedad editorial «La universidad de quinta generación», un nuevo paradigma educativo centrado en la persona

El Centro de Gobierno y Reputación de Universidades de la Universidad de Navarra presenta el libro La Universidad de Quinta Generación. Un paradigma centrado en la persona, de la investigadora Magdalena Gaete-Sepúlveda. La obra, publicada por EUNSA, propone un modelo universitario innovador que sitúa la sostenibilidad integral y la centralidad del ser humano en el núcleo de la misión académica, investigadora y de compromiso social.

El libro ofrece un recorrido histórico por la evolución de las instituciones de educación superior —desde la Universidad 1.0 hasta la 4.0— para fundamentar la emergencia de un nuevo paradigma: la Universidad 5.0 (5GU).

Nacida al calor de las transformaciones aceleradas por la pandemia de COVID-19 y en diálogo con los modelos de Industria 5.0 y Sociedad 5.0, esta quinta generación de universidades se caracteriza por una gobernanza abierta y participativa, la co-creación con stakeholders, la integración transversal de los criterios ESG y un compromiso estructural con el bienestar de estudiantes, profesores e investigadores.

Gaete-Sepúlveda, directora del Laboratorio de Gestión de la Reputación de la Universidad HSE (San Petersburgo) y miembro del consejo asesor del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades de la Universidad de Navarra, propone además seis Objetivos de Desarrollo Sostenible específicos para la 5GU (ODS-5GU).

Esta herramienta estratégica permite a las universidades traducir los principios de sostenibilidad integral globales y locales a su realidad institucional, abarcando ámbitos como el liderazgo, la docencia, la investigación, las operaciones del campus, las alianzas y el impacto social.

La obra incorpora también un modelo avanzado de gestión de la reputación universitaria que integra la sostenibilidad como eje vertebrador.

La autora defiende un modelo de universidad que armoniza la excelencia académica con la responsabilidad social y ambiental. La obra de Gaete-Sepúlveda se inscribe en una línea de investigación que busca dotar a los gestores universitarios de marcos conceptuales y herramientas prácticas para afrontar los desafíos de un entorno global complejo, sin renunciar a la identidad y los valores que definen a la institución universitaria.

El libro está disponible desde hoy en la Biblioteca Virtual de EUNSA y constituye una lectura imprescindible para rectores, gestores académicos, investigadores y todos aquellos interesados en el futuro de la educación superior y su contribución a una sociedad más justa, sostenible y centrada en la persona.

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Observatorio Internacional de Reputación y Gobernanza Universitaria

El Centro de Gobierno y Reputación de Universidades impulsa un proyecto de investigación para conformar un Observatorio Internacional de Reputación y Gobernanza Universitaria.

El Observatorio forma parte de un proyecto de investigación, de dos años de duración, que tiene como objetivo reflexionar sobre el valor estratégico de la escucha de los grupos de interés universitarios para la toma de decisiones estratégicas.

Entre las actividades del proyecto, se incluye la creación de un observatorio de percepciones de grupos de interés universitarios.

El proyecto permitirá a las universidades disponer de indicadores de reputación sobre dos ámbitos estratégicos: el rendimiento universitario (docencia, investigación, transferencia, empleabilidad, internacionalidad y liderazgo) y el sentimiento de marca (estima, satisfacción, confianza, sentimiento de pertenencia, recomendación).

El observatorio comenzó sus primeros pasos en junio de 2025 con la ejecución de un proyecto piloto. Seis meses después el proyecto amplió el ámbito de influencia a varios países de América Latina.

En la actualidad, ocho universidades de Argentina y Chile participan en el proyecto en colaboración con MetaRed by Universia.

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Nueva reunión del Claustro del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades

El pasado 20 de febrero, se reunió el Claustro del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades de la Universidad de Navarra.

Durante el encuentro, los participantes analizaron las principales tendencias del sector de la educación superior y debatieron posibles líneas de trabajo para los próximos años del Centro.

El Claustro está integrado por académicos de distintos centros de la Universidad de Navarra, con interés académico en la educación superior, la misión de las universidades y su vinculación con la sociedad.

El Claustro se compone de nueve personas:

Nacho Ferrero, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales y antiguo decano

Elena Gutiérrez-García, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra

Álvaro Lleó, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales

Concepción Naval, profesora de la Facultad de Educación y Pedagogía y antigua decana

Victoria María Rodríguez, profesora de ISSA School of Applied Management

Charo Sádaba, decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra

Teresa Sádaba, profesora de la Facultad de Comunicación y directora de Relaciones Institucionales de la Universidad de Navarra

José María Torralba, profesor de la Facultad de Filosofía y Letras y antiguo director del ICC

Yago de la Cierva, profesor del IESE Business School de la Universidad de Navarra

A la reunión también asistieron Mónica Herrero, vicerrectora de Comunicación y directora del Centro; Alfonso Sánchez-Tabernero, director académico del Centro; y Santiago Fernández-Gubieda, director ejecutivo del Centro.

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Sesión de formación en gestión de asuntos públicos en universidades

 

El Centro de Gobierno y Reputación de Universidades participó el pasado 9 de febrero en una jornada de formación a directivos académicos de la Universidad Católica de Valencia. La jornada sirvió para reflexionar y hacer equipo entre los directivos académicos de la Facultad de Medicina de esta universidad.

Las sesiones abordaron cuestiones como la identidad de la universidad, la misión del profesor y su impacto en el desarrollo académico y formativo de los estudiantes. La jornada también incluyó una sesión sobre la gestión de los asuntos públicos en el sector universitario.

Los participantes reflexionaron y sacaron aprendizajes sobre la relevancia estratégica de cómo gestionar los asuntos públicos en el sector universitario, con ocasión del caso de Hamline University.

El caso expone cómo resolvió esta pequeña y privada universidad de Minnesota (Estados Unidos) el clásico conflicto entre la justicia social y la libertad académica, con motivo de la publicación en octubre de 2022 de unas imágenes del profeta Mahoma en una clase de Historia de Arte.

El caso sirvió para aprender por qué hoy las crisis de naturaleza no académica (ideológica, política o social) tienen alto impacto dentro y fuera del campus, y qué tipo de asuntos públicos pueden afectarnos en la actualidad a la misión y actividad de nuestra universidad.

La sesión fue impartida por Santiago Fernández-Gubieda, director ejecutivo del Centro de Gobierno y Reputación de Universidades, de la Universidad de Navarra.